Pues Dios me ha dado saber y verdadero entendimiento para hacer poesía con precisión, según dicen los entendidos, debiera emplearlo correctamente dando a saber el modo de hacerlo gentil y verdaderamente (pues las cosas falsas pueden ser pasadas por verdaderas). Y Dios me ha dado tal saber que, según mi carácter, antepongo lo verdadero. Explicaré lo que quiero decir.
El saber hace al hombre rico en amigos y en poder, pues sabe gentilmente, y como debe, conducirse derechamente. El saber tiene una propiedad valiosa y segura, de lo más singular: y es que, gastándolo, se acrecienta. Bastante verdad se aprende por los saberes que existen. Me ha hecho tan rico mi honrada sabiduría, que por aquel a quien más estimo soy tenido en cuenta; y pues el nombre de Guiraut Riquier se conoce en todas partes (porque causé la alegría de nobles reconocidos, que si no, sería conocido sencillamente en Narbona), amo más a mi persona. Pero sigo siendo tímido y vergonzoso, por lo cual tengo menos riquezas. No obstante, por mi saber tengo ganada una cierta honra, que por el valeroso rey [...] Mas su nobleza verdadera, sus grandes conocimientos y su puro entendimiento me han hecho suyo según razón, por la devoción que allí le he brindado (como él sabe bien) y por mi esperanza. Por eso vivo alegre y alabo a Dios, porque me tiene por suyo y le placen mis saberes. Tengo suficiente poder con un saber de buen cuño; a toda costa, el rey será gentilmente servido por mí; mas él está tan repleto de todo bien, que yo no podría satisfacerle, me parece, aunque tuviese el doble de saber. Pero haré lo que pueda, poniendo a salvo su honor, por siempre jamás; pues de otro no espero que complete totalmente aquello que a mí me falta; por eso quiero ahora, con humilde corazón, servirle, y si le place, que dé pábulo a su albur en lo que toca a este su servidor; que a mí no me gustan búsquedas ni demandas, más que todos mis asuntos aumenten mi saber, pues es lo que me da valor en lo que me corresponde, sea lo que sea. Y si ahora pudiera ser que el buen rey quisiese hacer, haciéndome honor, lo que me parece (pues en él se convertiría en verdad, ya que suyo es el poder, en tanto que es rey del mundo) mucho acrecentaría esta nuestra sabiduría. Así, plágale que se lo muestre, y, si le parece razonable, hágalo, que en todos los buenos hechos le veo mejorar.
Quiero hablarle de esto, pues he sido bien enseñado, y me desagrada que ningún trovador haya levantado aún su voz. Comienzo suplicando, pidiendo humildemente merced a vos, rey, señor honrado, y que os dignéis prestarme un poco de atención, franco rey, noble don Alfonso Castellano, de quien es León por honor y mérito; señor, pues, escuchad y sabed razón de esto. Os ruego que os sepa bien escuchar lo que he de deciros, y, si se puede, sin tardanza hacer que, en beneficio nuestro, se lleve a cabo.
Señor recto y bueno, vos sabéis que las gentes viven muy diversamente en el mundo, y que cada día supone un gran placer para el valeroso mejorar en todos sus hechos. Y éstos, en lo que les corresponde, hacen nuevas reglas, así que son aún más valiosos sus hechos de lo que solían; hay muchos también que quieren mantenerse en los usos antiguos. Aquel que conoce lo que le irá mejor, debe, a todo su poder, noche y día mantenerlo: así se han hecho todos los senados. De esta manera, veo casi todo gentil y convenientemente ordenado, pues, según lo que se ve, clérigos y caballeros, burgueses y mercaderes, menestrales y campesinos, son aquellos por quienes lo mejor del mundo está compuesto. A cada cual se le establece, según su ser, un nombre y diversos apellidos, por los que se les llama y responden, por las virtudes que tienen o por su diversidad; y así es verdad que ellos quieren poseer estos nombres. Mas, lo verá quien se preocupe, en el mundo en general todos somos hombres de carne; mas existen virtudes que cada uno de aquellos tiene en particular, tal y como he mencionado, en los susodichos nombres. Para que todos entiendan lo que digo sin problema, por virtud se entiende parte del ser principal, como la clerecía, que tanto valor tiene, o también la caballería y el resto de cosas que la gente escoge y que ya os he citado; por eso, siempre, todos tienen su ser primero, y después es bastante fácil de entender el resto de sus maneras. De entre las gentes, las primeras son los clérigos, después los caballeros, burgueses y mercaderes, y los menestrales después, los campesinos, que auxilian muy valiosamente a todos, aunque estén lo más abajo, trabajan la tierra, pues no habría muchos frutos si no fuese bien labrada, ni tendrían suficiente las gentes para comer.
Para gobernar a todos espiritualmente existen los clérigos por mandamiento de Dios, así lo dice mi fe. Clérigo: este nombre se da a todos en general, pero especialmente hay algunos entre ellos que por sus órdenes, por sus personas o por sus dignidades no son iguales que los demás; pero tienen ese nombre, pues todos son clérigos en verdad. A ninguno le gusta, si ha recibido más órdenes, o es mayor persona, o tiene más dignidad, o está más preparado para saber gobernar, que, cuando se le quiera llamar correctamente, se le llame sin más clérigo. Antes bien, prefiere que se le llame por el mayor de sus rangos, y no le desagrada que le nombren con todo boato. Pocos lugares conozco donde se llame al clérigo sin que se diga el nombre que se les dio en el bautizo, o que se diga clérigo sin decir tal es 'maestro' o 'señor'. Hay frailes que son claustrales, celadores, sacristanes, mayores, menores, medianos; otros: diáconos, prestes, limosneros, arciprestes, archidiáconos, prebostes. Por esto paso rápidamente, que se trata de muchos nombres que no darían fruto en aquello que voy buscando. Hay también priores, abades, obispos, y sobre ellos, arzobispos, y más grande aún es el cardenal. Papa es aquel que no tiene superior en el mundo, salvo Dios, pues suyo es el poder del perdón. De todos sabemos que son clérigos en general, mas especialmente, cada cual tiene su nombre y lugar, de modo que no quiere ninguno que se le llame de manera diferente. Es bien sencillo entender que lo digo por los personados, o por los prelados, incluso por los capellanes, y es bien razonable que se los llame así, puesto que nunca he visto un prelado que no fuera clérigo; por eso es de razón que cada cual sea llamado de acuerdo con la posición que se les ha dado para gobernar la Iglesia. De los clérigos no quiero decir nada más, pues bastante he explicado ya, y me parece suficiente para las necesidades de mi asunto. De los caballeros, creo que podré explicar rápidamente sus nombres, cómo se llama a cada uno exactamente, aparte, claro, de 'caballero', que es su nombre en general. Hablaré brevemente de los nombres especiales que se aplica a éstos. Según lo que se me alcanza, en cada lugar se les da un nombre honrado, a cada noble según es. Quisiera pasar rápidamente por eso, para poder decir sin ambages lo que a mí me parece. Hay vizconde, marqués, duque y conde en el mundo, rey y emperador, y a cada cual le gusta que se le llame así. Sabemos también que todos son caballeros, y que tiene poder completo para serlo cuando quieran. Pero ese nombre se queda como por sobreentendido, pues sería reprendido aquel que llamara 'caballero', aunque dijera verdad, a cualquier potestad, si de inmediato no lo quisiera honrar con su tratamiento. Un rey puede ser llamado nobilísimo caballero; mas quien ve pasar a mucha gente por un sendero o ve personalmente a aquél, pregunta y quiere saber de quién se trata. Responderá correctamente de quién se trata, a mi juicio, aquel que sepa con certeza y entienda claramente quién es conde y quién es rey, y si es tal o cual conde o rey, así como su exacta condición, sus dominios y su poder, lo más honradamente que pueda. No hace falta que pregunte si es caballero o no, pues esto está sobreentendido, como os he dicho ya antes, pues cada cual es nombrado por su condición, de la manera que más honrado resulte. Y sabed que es bien cierto que un rey es conde y marqués, y el conde, vizconde, y así sucesivamente, y por lo que más vale y por lo que más honrado es, cada cual ha de ser llamado; mas es correcto y razonable, y así lo sabemos perfectamente, que todos son caballeros. Pero entre los primeros se ordenó sensatamente, de modo que ya no es preciso mejorarlo, ni hace falta añadir más, tan correctamente se les llama a aquellos de que os he hablado hasta aquí. He dejado otras cosas para abreviar mi argumento, que para lo que quiero mostrar esto me va bastante bien.
De los burgueses sabemos que no se les llama de otra manera, sino que se les llama burgueses, solamente, así que entre ellos no hay ninguna jerarquía de nombres. Tienen mucho más poder unos que otros, por supuesto, pero todos permanecen en su lugar en la plaza; pueden preocuparse por las armas y por la caza, deben seguir las huellas de los hechos más nobles, y han de ser amables, y vivir de sus rentas sin hacer otros negocios ni dedicarse al mercadeo. Todos deben procurar tener una vida tal, pues quien más sabe valer tanto más mérito y fama alcanza. Y pues entre ellos no he hallado jerarquías, ni veo personados ni adelantados, salvo por la riqueza, ni por hechos ni por dichos a que no se pueda llegar por saber, con tal de que sea capaz, no creo que pueda darse otro nombre, ni le corresponde, que el de burgués, simplemente: un solo deber entienden y un solo comportamiento se les dio. Si se les ha asignado tan sólo poder, no penséis que el deber rindan al linaje, pues muchos son de buen lugar por linaje, y sin embargo hacen cosas viles, pues no tienen bastante para vivir: ya que todos tienen un solo deber, se les llama a todos burgueses. Aunque más noble sea un rico burgués por linaje, sin embargo no me parece que le convenga un nombre más alto. No creo necesario explicar más mi argumento, pues he de hablar de otra cosa, que me es necesario y fácil de decir.
De los mercaderes creo que lo diré todo rápidamente. A los mercaderes se les llama así por 'mercado', y a mí me parece que todos son mercaderes si no hacen otro oficio más que comprar y vender. Se puede entender muy bien que compran y que venden, y que en otra cosa no se ocupan, ni se les llama de otra manera. Los más honrados son llamados mercaderes: así como los mercaderes de telas de lujo, y los que andan de viaje en Ultramar o en Francia y van, con la esperanza de ganarse la vida por el mundo, compran y venden allá donde más provecho pueden obtener. Y se debe decir, aparte de 'mercader', con qué hacen mercado: se ve a muchos mercaderes que van o vienen, y que venden y compran todo cuanto se compra y se vende, que ahora tienen nombres derivados de lo que más acostumbran hacer, y así se sabe de cada uno cómo vive comprando y vendiendo. Voy a decirlo brevemente, para que se me pueda entender. Ahora os daréis cuenta de lo que hacen los cambistas y aquellos que son señores o copropietarios de las tiendas, donde no se hace otra cosa más que comprar y vender. Ved lo que hacen los tejedores, merceros y chatarreros y aquellos que compran trigo y lo venden en el mercado, y ninguna otra cosa hacen; y otros que, a mi parecer, os podría enumerar que no hacen sino comprar, únicamente, y vender. Todos, en general, son, en verdad, mercaderes, mas la razón requiere que cada uno sea nombrado por aquello que más acostumbra mantener dentro de la mercadería. Todo el mundo puede saber que lo que digo es verdad; así, a partir del nombre, conviene que sigan sus condiciones, y de este modo en cualquier calle y lugar conocido cualquier hombre, apercibido o estúpido, con sólo preguntar, encontrará en venta aquello que desee. Además, tened en cuenta que es nombrado cada cual por su uso, lo que es tan correcto como razonable, aunque también sabemos que todos son mercaderes, pues mercadeando por el mundo viven, compran y venden. Bastante, a mi juicio, he dicho de los mercaderes.
De los menestrales os digo que, en general, todos se llaman menestrales verdaderamente, pero especialmente, cada uno por lo que hace, pues por el oficio que tiene se llama a cada cual, y tiene un nombre cada oficio por sí mismo. Así son ordenados mediante nombres según su variedad, y así, como se debe, se hace que cualquiera, sin problemas pueda ir preguntando y nombrando el oficio de aquel al que quiere encontrar; de modo que no le hará falta decir que sea un artesano, pues es bien sabido que el herrero o el carpintero, el sastre y el zapatero y el obrero manual, todos son artesanos, claramente, por mi fe; y así se entienden las ocupaciones al mencionar los oficios. Pues de otra manera no se sabría fácilmente; y sin embargo es bien sabido que cada cual quiere llamarse, aparte del nombre de bautizo y del sobrenombre que tiene, por el oficio que hace, cuando quiere que se sepa de él. Y no se debe discutir, a mi juicio, que deba ser así; mas siempre son todos, ciertamente, menestrales. No es preciso explicar más: sobre esto ya hay suficiente.
Quiero hablar de los campesinos, que son las más bajas gentes, a quienes se llama, según su uso, diversamente, por labrar mayormente campos, viñas y huertas. A cada uno, según su trabajo en cada cosa, así se le llama. Otros, por lo que sé, se dedican al ganado, a pastorearlo en el exterior, y de ello toman nombre: por su actividad, podemos distinguir claramente tanto unos nombres como otros. Habéis oído nombrar, entre ellos, labradores, boyeros, braceros, podadores, hortelanos. Todos trabajan con el cuerpo y las manos, ciertamente. Además se llama a todos los demás, según su ocupación, pastores, vaqueros, yegüeros o porqueros. Hay otros nombres que convienen a cada uno por lo que hace, y así se les llama. Además, es verdad que todos son campesinos. Todo está ordenado para entenderse bien y correctamente. Igual que se llama de diversas maneras a los campesinos, teniendo en cuenta lo que saben hacer por obra o por otra cosa; con los artesanos pasa lo mismo, y con los mercaderes que van y vienen (de los burgueses no necesito hablar ahora de otra manera); también a los caballeros se les llama diversamente, y a los clérigos se nombra según lo que más les honra, variando los nombres (tal como he dicho más arriba); así pues, digo que el deber y el uso se acuerdan en justicia para decir que en cada generalidad hay diversas especies, y que cada aspecto general, por alguna razón (como la región, tierra, villas o gentes), con propiedad debe ser nombrado.
Por eso se me ocurre que sería conveniente [...] de los nombres entre los juglares no está definida la condición, pues entre ellos, los mejores no tienen nombre más honrado siguiendo a sus hechos. A mí me parece mal que un hombre que no sabe comportarse sutilmente, con que sepa un poco de cualquier instrumento, vaya a tocar por las calles, buscando y pidiendo que le den algo; y otro, sin categoría para ello, ande cantando por las plazas vilmente, y relacionándose entre gentes bajas meterá su ponzoña en todos, sin vergüenza, tanto en propios como en extraños; después se irá de tabernas con lo que haya obtenido; mas no osan comparecer en ninguna buena corte. Pues a estos se menciona, sin otro nombre, como juglares: a los que se ocupan en malabares, sin hacer otra cosa, a los que hacen bailar monos y marionetas, y a otros que no les ha sido dado ningún buen comportamiento. La juglaría fue inventada por primera vez por un hombre sesudo hábil en varios saberes, para poner a los buenos en el camino de la alegría y el honor. Los instrumentos dan placer cuando se escuchan a quien sabe, tañéndolos, llegar a dar alegría. Así, los nobles antiguos querían tener juglares, y todavía, por uso, los tienen todos los grandes señores. Después vinieron los trovadores para contar hechos buenos cantando, y para alabar a los nobles y enardecerlos en los buenos hechos; y aunque sabe tratar de esto, no lo ejecuta, ni es su deber hacerlo, sino que enseña cómo hacerlo: por eso yo, pase lo que pase, no puedo contenerme de decirlo. Así, a mi juicio, empezó la juglaría, y todos ellos vivían con gran placer entre los nobles. Mas ahora estamos en una época, que ya dura mucho tiempo, en que cierta gente ha promocionado sin tener juicio ni saber nada de hechos o de dichos aplacibles, y sin conocimiento, que toman actitud de cantar, de componer o de tocar instrumentos o de otras cosas, sin que debieran hacerlo, sólo porque se les dé algún dinero, por envidia de los buenos. Y además se ponen celosos cuando ven a los buenos ser honrados por los nobles, y se ocupan de inmediato en maldecir. Esto no debiera soportarse en absoluto, en mi opinión, mas veo que se les tiene en cuenta y se los teme más que a los sabios. Así que queda rebajado el honor del nombre de juglar, cosa que no solía pasar entre aquellas gentes; y me sabe mal por los sabios trovadores, pero no han levantado la voz en el pasado por esto que ahora quiero decir.
Que hagan disponer a quien mejor corresponda que cada cual tenga nombre según lo que sepa hacer, que todos sean juglares en su ser general o bien cuando sólo saben hacer una cosa nada más, como sucede con los burgueses. Pero no ha de compararse, pues la dedicación única del burgués y su comportamiento se mantienen sin problemas al mantener sus capacidades, tal y como os dije, si recordáis, en otra ocasión. Encontraréis juglares de tantas habilidades buenas o mediocres, o viles o pésimas, que a los mejores redunda en daño, en deshonra y vergüenza, así que cada cual se aleja cuando puede de entre ellos, pues tanto se llama juglar al vil y al bueno, y no es razonable, pues no recibe cada cual nombre por lo que hace para ganarse la vida en el mundo.
A mí me parece que vos, señor buen rey, sois tan poderoso en mérito y poder, en juicio y en saber, que podréis solucionarlo. Y a vos os toca hacerlo, como corresponde a todo rey; pues siempre la juglaría y el saber han encontrado en Castilla, de buen grado, mantenimiento y morada, don y enmienda, y además, cabales consejos, más que en ninguna corte real ni en cualquier otra que exista. Y vos, hoy, en este día, señor, así lo mantenéis, por lo cual sois más loado entre otros bienes que tenéis. Querido señor, puesto que es uso certero, lo podréis dar (¡es tan hermoso bautizar!) pues es muy necesario, y luego todos sabrían de cada cual sus capacidades, con sólo que os venga en gana y os parezca bien hacerlo; pues ahora no se puede escoger por el nombre, ni elegir, entre los juglares, sin decir lo que saben hacer, breve-mente, pues todos, en general, son llamados juglares. Si se pudiera decir de ellos como de los artesanos y de los otros, fácil sería entender sus condiciones.
Si os queréis excusar diciendo que resultaría enojoso hacer de todos ellos divisiones por nombres, os ruego que, siquiera, de aquellos que tienen la habilidad de componer bien y ciertamente, que hacen poemas y canciones y otras buenas composiciones, por provecho y por sentido común, y por instrucción duraderos por siempre, que no sean en conjunto nombrados con los juglares: dadles nombre cierto y que os parezca adecuado, pues bien podéis saber, noble rey castellano, que sus hechos son buenos, más que los de todos los otros, que no valen ni una nuez, si bien reparáis en ello, ni sus hechos ni su conversación.
Y en cuanto a los de los instrumentos y a los imitadores, no es demasiado importante, pues se les conoce en cuanto se les ve o se les oye simplemente. Pero de los juiciosos y sabios que hacen buenas composiciones se recuerdan sus canciones y el resto de lo que hacen bien, de manera que luego valen tanto, por sus virtudes y juicio, como si estuvieran presentes, aunque ya hayan muerto. Así que es injusto que éstos no tengan otro nombre; y pues cabalmente se juntan con juglares honrados entre las gentes buenas, no debería permitirse, ya que Dios los quiere honrar en el mundo con tal saber que no se podría obtener por ningún otro hombre de carne y hueso.
En todo saber es necesaria una buena doctrina, pero si Dios no ¿inspira? al hombre en sus inicios al ponerse a componer, nunca podrá crear poesía. Es cierto que, puesto que tiene en sí entendimiento, puede mejorar si se dedica a estudiar; pero jamás podría inventárselo un hombre. Si miráis a la clerecía y a todos los demás saberes, el hombre es capaz de aprender cualquier cosa, y los vemos empezar a todos, y los estudiantes por los hombres sabios aprenden los saberes. Así pues, es mejor el saber componer, y debería honrarse a quienes lo poseen firmemente, en tanto que sabrán tener buen comportamiento en las cortes; que veo a algunos muy sabios que se comportan vilmente, y hay otros que tienen juicio, mas muy poco saber, pero por buen comportamiento son agradecidos y amados. Aquellos, que tienen un perfecto saber y buen comportamiento y viven sin arterías, deberían ser más honrados; mas nada de esto veo hacer, antes bien, quien es más listo para buscar, mejor preparado se va a la siguiente corte, ya que nadie se preocupa sino de hombres vergonzosos.
Por esto os ruego, buen rey, que en esto hagáis división, de modo que sea honrado el saber como es debido, pues por este saber deben recibir honor aquellos que lo poseen, y más aún el que mejor lo sepa usar, así que tened a bien escoger los mejores nombres razonablemente. Hay muchos trovadores de diversas formas de componer a quienes no les corresponde honra si sus hechos son dudosos, pues unos son muy duchos usando su saber para maldecir, y otros hacen sin salero coplas, sirventeses, danzas, de lo cual obtienen honra por saber componer. No debe en nada pesaros, rey honrado, que yo me preocupe por ellos como habéis oído; sólo prestad atención a lo que digo de los que saben, en que hay saber y buen juicio y que hacen poemas y canciones siguiendo un buen tema, y que rimando difunden buenas enseñanzas. Pues de éstos solamente, que poseen un saber honrado y hacen autorizadamente sus poemas fieles y buenos, os ruego, rey poderoso, y es lo que os he suplicado.
Y si os he enojado por haberlo hecho tan largo, espero que hayáis entendido que me forzó a ello la razón; así pues, perdonadme vos este enojo, por favor. Y si esto conviene hacer y a vos os place, nunca fuera tan honrado mi padre por un señor; y Dios os dé honor y aplacible vida, acreciente vuestro poder, así como vuestro juicio y bondad, y os dé voluntad de lo que acabo de deciros, pues si no se hace, creo que nunca llegaré a ser juglar, tan amargo me resulta el mundo; y es que cabe en él tal gente que hace que ninguna ventaja se le conceda al saber componer bien, correctamente y como se debe, lo cual me pesa, y he sufrido tal desventura que el honor me huye: así que pensaré en cómo vivir, si no es así, de cualquier otra manera.